Cuando el Yoga es meditativo…

Cuando el Yoga es meditativo…

La práctica del yoga suele verse como una actividad en la que se realizan ejercicios físicos, y aunque el yoga se centra en la construcción de posturas corporales o asanas, también trabaja en el plano psicológico…

 

Las asanas se realizan coordinando la respiración con el movimiento, a un ritmo lento, sin brusquedades, con la máxima relajación posible, posibilitando que todo ello se interiorice automáticamente.

Al trabajar físicamente de esta manera, además de todos los beneficiosos efectos fisiológicos, la atención y la concentración son obligadas, con la consiguiente mejora mental.

No obstante, si además nos hacemos conscientes de los procesos fisiológicos y psicológicos que se están produciendo en nuestro mundo interno, conseguiremos potenciar tanto los efectos físicos como los psicológicos que la práctica del yoga nos ofrece y hacer evidente el adagio que dice que “el yoga es la unión del cuerpo y la mente”.

Procesamiento jerarquizado de la información

En nuestro sistema psíquico interactúan simultáneamente, por una parte, el flujo de energía que nos permite llevar a cabo acciones y, por otra, la información que previamente las determina. Nuestro Sistema Nervioso (SN) es la red por la que circula este flujo de energía y de información, y el cerebro es el mecanismo físico donde se procesa esta información, mientras que la mente es el proceso que regula todo este flujo…

Estamos programados de forma innata e intrínseca, y por razones fisiológicas y neurológicas, para ser gobernados por estados somáticos y estados emocionales. Sin embargo, nuestra evolución nos ha dotado de estructuras corticales, donde las funciones cognitivas superiores, el razonamiento y el pensamiento lógico, entre otros, jerarquizan en muchas ocasiones los otros niveles (emocional, sensorial y motriz) de procesamiento de nuestras experiencias. Nuestras acciones de adultos suelen reflejar la relación jerárquica del procesamiento cognitivo volitivo sobre las respuestas emocionales y sensoriomotrices.

El cerebro triuno (MacLean, 1985) nos brinda una metáfora conectora entre estas tres estructuras resultantes de nuestra evolución.

 

Escuchar el cuerpo

Supongamos que estamos en nuestra clase de yoga realizando una determinada postura, que no nos sale del todo bien, y simultáneamente, aparecen en nuestra mente, por un lado, la “imagen ideal” de cómo “debe” ser esta postura y, por otro, el pensamiento “soy torpe”. Cuanto más nos obstinemos en alcanzar la perfección técnica, quizá también más pasaremos por alto las sensaciones y las emociones (tal vez rigidez muscular e incomodidad física y la frustración que ello nos produce…). Vendría a ser como si estuviéramos suspendidos encima de nuestra experiencia somática y emocional, sin utilizarla, aun sabiendo que está ahí y que nos sería de gran ayuda para nuestra práctica.

Éste es un claro ejemplo de procesamiento descendente, donde las áreas corticales superiores de nuestro cerebro actúan como un “centro de control” y dominan la actividad de las funciones inferiores. De esta manera, al “creernos” incapaces de realizar correctamente la asana (procesamiento cognitivo), cedemos a la frustración y nos enfadamos (procesamiento emocional) y tampoco escuchamos lo que nuestro cuerpo nos transmite a través de las sensaciones de rigidez, incomodidad y desequilibrio (procesamiento sensoriomotriz).

Autorregulación

El ejemplo también nos ilustra cómo la activación fisiológica y emocional va en aumento y, en consecuencia, provoca la rápida movilización del sistema nervioso autónomo, determinando el procesamiento descendente de nuestra experiencia.

La ventana de tolerancia a la activación es un modelo sencillo para explicar la regulación de la activación del sistema nervioso autónomo.

Cuanto más estresantes sean nuestras vivencias, más vulnerables seremos a sentir una activación elevada (hiperactivación) o a sentir poca activación fisiológica (hipoactivación) y con frecuencia podremos oscilar entre estos dos extremos.

Así que tanto en nuestra práctica de yoga como en el resto de nuestras actividades, vale la pena aprender a tomar consciencia de si nos mantenemos dentro de la zona óptima de tolerancia a la activación, o de cuál es el umbral para que se produzcan signos de hiper o hipo activación, y entrenarnos en ampliar nuestro margen de tolerancia a la activación fisiológica, autorregulándonos a través de las observaciones somáticas y de nuestra respiración.

Respiración

Una de las maneras más efectivas de regular la activación fisiológica es equilibrando, mediante la respiración, las dos ramas, simpática y parasimpática, que componen el sistema nervioso autónomo y que regulan la activación de todo nuestro cuerpo.

A grandes rasgos, el sistema nervioso simpático (SNS) usa sustancias químicas como la adrenalina para alimentar el cuerpo y el cerebro para que actúen, mientras que el sistema nervioso parasimpático (SNP) usa la acetilcolina para regular las funciones corporales básicas como la digestión, la curación de las heridas, y los ciclos de sueño y de ensoñación. Cuando estamos en la mejor forma, estos dos sistemas funcionan estrechamente para mantenernos en ese estado óptimo de interacción con nuestro entorno y con nosotros mismos.

Cuando inspiramos, estimulamos el SNS, lo cual conlleva un aumento del ritmo cardíaco. Las espiraciones estimulan el SNP, reduciendo los latidos del corazón. Este patrón de variabilidad del ritmo cardíaco refleja nuestro estado de salud fisiológica, la cual se consigue cuando la respiración y el corazón trabajan en mutua coherencia.

En nuestro programa de yoga aprendemos a respirar haciendo inspiraciones y espiraciones lentas y regulares. Concentramos nuestra atención en el movimiento que realizamos y en nuestras sensaciones, momento a momento. Observamos la conexión entre las emociones y nuestro cuerpo, quizá notamos cómo la ansiedad al realizar la postura nos desequilibra… Todo esto aliviará la tensión que sentimos en nuestros músculos y, en consecuencia, experimentaremos con el hecho de cambiar cómo nos sentimos.

Recuperar el cuerpo

Aunque buena parte de la actividad adulta se vea determinada por la jerarquía que ejercen las funciones superiores de nuestro cerebro, provocando esto oscilaciones en nuestro margen de tolerancia a la activación fisiológica y emocional, mediante la práctica habitual de yoga podemos aprender a procesar nuestras experiencias a partir del cuerpo (procesamiento sensorial y motriz ascendente) y a tranquilizar nuestro flujo respiratorio. De esta manera, la modulación efectiva de la activación nos dará control sobre nuestros impulsos y emociones.

Así que respiramos profundamente y volvemos a intentar la postura, y en el preciso momento en el que notamos nuestras “incorrecciones”, en lugar de ceder a la frustración y a las distorsiones cognitivas (“soy torpe”), que se traducen en una vivencia de baja autoestima y de fracaso, centramos nuestra atención en la respiración, observamos y aceptamos el hecho de que sentimos rigidez muscular, incomodidad física, etc.

Probablemente, con esto generemos la suficiente serenidad para ver nuestros límites y pensemos en las habilidades que ya estamos desarrollando. Es decir, a través de la autoobservación y el trabajo consciente con el cuerpo, posibilitamos un cambio significativo en los pensamientos, emociones, sistemas de creencias y pautas de acción fijas asociadas a la desregulación fisiológica, emocional y cognitiva que suelen provocar las experiencias desagradables, negativas, adversas…

Cuando el yoga es meditativo

El hecho de observar simplemente lo que sentimos fomenta la regulación emocional y nos ayuda a dejar de ignorar lo que sucede en nuestro interior. Cuando empezamos a considerar nuestro cuerpo con curiosidad, todo cambia. Aprendemos que las emociones describen una curva: primero suben, hasta llegar a su punto más alto, y luego bajan.

En nuestro Centre Kailash, la profesora que imparte las clases de yoga realiza intervenciones terapéuticas, animándonos a observar cualquier tensión, mientras medimos lo que sentimos con el flujo de nuestra respiración, al tiempo que mantenemos la postura. Esto nos ayuda a anticipar el final del malestar y refuerza nuestra capacidad de lidiar con la angustia física y emocional. Ser conscientes de que todas las experiencias son transitorias cambia la perspectiva sobre nosotros mismos.

Cuando enfocamos la atención completamente en lo que estamos haciendo y somos plenamente conscientes de lo que hacemos, esto, es meditativo…

Referencias bibliográficas

  • Damasio, A. (2000). Sentir lo que sucede… Editorial Andres Bello
  • Morata, M. (1997). Yoga. Teoría práctica y metodología aplicada. Zaragoza
  • Ogden P; Minton, K: Pain, C. (2006). El trauma y el cuerpo: Un modelo sensoriomotriz de psicoterapia. Desclée de Brouwer.
  • Schore, A. Regulación del afecto y el origen del Self (1994, Ed. Lawrencw Erlbaum Associates, Inc. Publishers).
  • van der Kolk. (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Editorial Eleftheria. Barcelona
  • van der Kolk, et al, Yoga como un tratamiento complementario para el trastorno de estrés postraumático: Una prueba controlada aleatoria. Journal of Clinical Psychiatry 75, nº 6, 8 junio de 2014): 559-65.

 

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